martes, 1 de enero de 2013

El corazón es frío por naturaleza, quizá de esa forma aprendemos a sobrevivir a los demás.


Me gusta sentir el frío en mis pulmones, esa sensación de ardor que me hace pensar lo simples que somos. Somos una pequeña y débil barrera contra las fuerzas que conforman el mundo. Una mancha negra rotando a través del vacío de la galaxia. Un sonido estridente ante los oídos del universo. Nada. Basura cósmica sin forma básica de existencia. Nadie. A ningún alma le importa la desgracia de otros. Somos egoístas, los demás no importan si no estamos primero en la fila. A nadie le importa lo que nos suceda, no nos importa lo que le ocurra al resto. No nos damos cuenta que somos un grano en el mar de arena. Somos tan grises, nebulosos, fríos, como lo son los días de invierno cuando no ha nevado.


Adiós no tan querido 2012.